sábado, 2 de febrero de 2013

Memorias de un perro


Felicidad ¿dónde estás? Y por qué, decíme por qué tengo que andar atrás tuyo oliéndote el culo como un perro enfermo  lánguido y hambriento, sí, como un perro hambriento. No ves que mientras yo te busco y creo en vano que te encuentro los años me pasan y pierdo el pelo y me rasco y me da sarna y rabia y moquillo. Y me patean los hijos de puta, me echan los pretenciosos, y me acarician los malintencionados.  Otros me quitan el hueso.  No sabés, las noches que lloré por un hueso ¡sí, por un hueso! Felicidad yo te busco y vos, ¿a dónde vas corriendo? No es de perro resentido, pero ¿por qué algunos lucen collares tan finos? Y ladran, esos perros ladran más fuerte, y claro, muchos son atendidos.  Pero cuando yo ladro ¡Ah! Cuando yo ladro me callan. Y cuando me callo soy aburrido.
 Felicidad yo te recuerdo, a menos que yo esté loco me rozaste cuando estaba distraído, y después nunca mas siquiera algo que me sirviera de consuelo, qué sé yo, un palito, alguien a quién devolvérselo, no sé. Ayer vi como un ovejero se moría, pero para mí, más que la vejez fue la tristeza. Porque yo no soy estúpido, ese perro antes brillaba, lo veía pasar unas veces con un diario, y otras con una pelotita marrón en la boca. Alguien lo esperaba. Pero días antes de su muerte noté que ni el diario ni la pelotita marrón ni un carajo que llevara entre los dientes. Simplemente se quedaba como un poste en una esquina. Como esperando algo que se le había perdido y no sé, llamáme loco, pero pensé en vos, pensé en vos felicidad y en tu forma tan extraña de dejarnos todo y a la vez nada. Y el pobre me veía como yo lo miraba, pero jamás me ladró ni un poquito. Y ayer, bueno, ayer perdió la esperanza.
Felicidad estoy languideciendo, y a pesar de esto jamás se me dio por comer lo que no era mio. Y antes, cuando fui cachorro, mostraba los dientes pero de morder ni hablemos. ¿Qué es eso de morder y dejar una marca de por vida? Así haya sido un mordisco merecido, no quiero que me recuerden por malo. Aun así, parece que tan bueno no he sido, los que se fueron no volvieron, ya ves, yo te estoy reclamando. Pero eso si, no me tomes por esos perros que se dejan jalar el rabo, ni por esos que andan maltrechos buscando un golpe que de una vez por todas les arranque el alma completa.  Mientras tenga dientes te voy a seguir buscando. Felicidad cuando te encuentre, juro  te voy a morder tanto, que ni los usureros que dicen poseerte podrán de mi arrancarte.  Aunque quizá si me encuentre ya muy cansado, tan solo dé las últimas vueltas, y me acueste al lado tuyo. Al fin y al cabo, eso, es todo lo que se puede hacer después de una búsqueda tan agotadora. Felicidad, tan solo recostarme a tu lado, como el perro que cierra los ojos y el mundo entero se desvanece, como ayer se apagó ese ovejero.