martes, 22 de octubre de 2013

Del Verbo Ser


Del verbo ser;
Ella y Yo fuimos, somos, y seremos
Y del mismo verbo he sido, tanto tiempo he sido…
Hasta que del mismo verbo, también  dejé de ser, porque luego fuimos.
Puesto que hoy ya no soy, porque somos.
Y sé, que por más que ocurran —entre verbos— otros sustantivos
Ninguno, por mucho que tengan de adjetivos
Harán que Ella y Yo, dejemos de ser lo que fuimos,
Lo que somos, y  lo que habremos de ser.

viernes, 18 de octubre de 2013

A mi amada suicida

Querida mía, nos encontramos tú y yo anclados en un torrente de aguas vertiginosas. El sol, que antaño brilló rebosante, hoy se oculta bruñido entre contornos de negros nubarrones. La tormenta ha adquirido un temperamento iracundo y nos vuelca y revuelca a su merced imperiosa. Somos tan fútiles ante tanto mundo jactancioso, que a veces pierdo las reales dimensiones que abrazan nuestras vidas. Dime, ¿qué nos hace falta aun para alcanzar el reparo sereno, en donde duermen plácidas las almas de éste y otros mundos? A nosotros, que tan esquivos nos mostramos a las impertinencias y tan aislados permanecemos de los oprobios, ¿qué nos hace falta a nosotros?, dos cuerpos vacuos en sustancia divina, que hemos colmado de utopías los cuencos quebradizos donde antes tañeron corazones.

Ahora, entre vacíos nocturnos y destemplanzas de madrugada, lánguidos nos amamos hasta los huesos. Inventamos fuerzas y tejemos (con pobres artimañas) una tela hecha de sueños y esperanzas. Muy lejos y en lo alto, no muy cerca del luctuoso cielo y a centímetros del mar profundo, se baten nuestros cuerpos ante la presencia majestuosa de un abismo salvaje, y no está comprobado aun si crecemos, o si vamos muriendo de a poco. Quién sabe, querida mía, cuanto tiempo más nos lleve este naufragio, si seguiremos diciendo sin ser oídos, y pensando sin ser comprendidos.

 Aquí guardo la promesa jamás rota, de inadvertir la verdad en tus ojos, que dictan sentencia de muerte a mis días cada vez que lloran. Sé, que pronto querrás dejarlo todo. Soltarás de tu pecho un furioso y reñido suspiro, te irás en contra del mundo mientras algo de sangre quede en tus venas, tan sólo, por mostrarle al odio que acuñó tu vida, que jamás ha sido más feroz que tu esencia.


Querida mía, bestial y tempestuosa, si te marchas ahora seré carroña expuesta, y desprovisto de tu piel que me hizo tantas veces de abrigo, caeré al vacío sin mas alas que mis costillas, porque, ¿qué más da?, si no es en esta vida enferma, que en el más allá  nos augure el olvido; no habrá  tiempo ni espacio ni materia, no lucirá en nuestros ojos el frenesí de los colores, ni para oír nuestras canciones del amor entre dormido. No habrá tú, ni yo, ni ellos. No habrá memorias ni besos. No habrá tampoco… ocasión de perpetuar nuestra proeza, la de amar aun sintiéndonos vencidos.