Querida mía, nos encontramos tú y
yo anclados en un torrente de aguas vertiginosas. El sol, que antaño brilló
rebosante, hoy se oculta bruñido entre contornos de negros nubarrones. La
tormenta ha adquirido un temperamento iracundo y nos vuelca y revuelca a su
merced imperiosa. Somos tan fútiles ante tanto mundo jactancioso, que a veces
pierdo las reales dimensiones que abrazan nuestras vidas. Dime, ¿qué nos hace
falta aun para alcanzar el reparo sereno, en donde duermen plácidas las almas
de éste y otros mundos? A nosotros, que tan esquivos nos mostramos a las
impertinencias y tan aislados permanecemos de los oprobios, ¿qué nos hace falta
a nosotros?, dos cuerpos vacuos en sustancia divina, que hemos colmado de utopías
los cuencos quebradizos donde antes tañeron corazones.
Ahora, entre vacíos nocturnos y
destemplanzas de madrugada, lánguidos nos amamos hasta los huesos. Inventamos
fuerzas y tejemos (con pobres artimañas) una tela hecha de sueños y esperanzas.
Muy lejos y en lo alto, no muy cerca del luctuoso cielo y a centímetros del mar
profundo, se baten nuestros cuerpos ante la presencia majestuosa de un abismo salvaje,
y no está comprobado aun si crecemos, o si vamos muriendo de a poco. Quién
sabe, querida mía, cuanto tiempo más nos lleve este naufragio, si seguiremos
diciendo sin ser oídos, y pensando sin ser comprendidos.
Aquí guardo la promesa jamás rota, de
inadvertir la verdad en tus ojos, que dictan sentencia de muerte a mis días
cada vez que lloran. Sé, que pronto querrás dejarlo todo. Soltarás de tu pecho
un furioso y reñido suspiro, te irás en contra del mundo mientras algo de
sangre quede en tus venas, tan sólo, por mostrarle al odio que acuñó tu vida,
que jamás ha sido más feroz que tu esencia.
Querida mía, bestial y
tempestuosa, si te marchas ahora seré carroña expuesta, y desprovisto de tu
piel que me hizo tantas veces de abrigo, caeré al vacío sin mas alas que mis
costillas, porque, ¿qué más da?, si no es en esta vida enferma, que en el más
allá nos augure el olvido; no habrá tiempo ni espacio ni materia, no lucirá en
nuestros ojos el frenesí de los colores, ni para oír nuestras canciones del
amor entre dormido. No habrá tú, ni yo, ni ellos. No habrá memorias ni besos. No
habrá tampoco… ocasión de perpetuar nuestra proeza, la de amar aun sintiéndonos
vencidos.
Siempre es un halago reposar sobre tus líneas.
ResponderEliminarY no es que me esté adjudicando en vano el protagonismo de este relato: vos me lo dedicaste, vos me dijiste que hablaba sobre mí, you told me, I'm not telling lies, I'm not LION.
Jajaja! Qué bueno!
Eliminar