¡Qué hermosa eres tú, querida! Y quiero fundar de una vez por todas, la sospecha de por
qué pienso que no me encuentro tan lejos de la verdad, cuando afirmo que en tus
ojos (por ejemplo), existe quizá la irremediable desventura que conduce al
extravío, producida por la fascinación y el encanto que de ellos se desprende.
Habrá entonces detractores de mi sentencia,
naturalmente. Pues así como muchos gustan de una obra clásica, hay quienes
también se conforman con pobrísimas melodías. Y nada habrá para rebatir acerca
de sus puntos de vista. Si los primeros arguyen que su música es preciosa,
también lo harán los segundos con la suya. Podrán también ambos argumentar que
los gustos de los otros, son poco decorosos. Lo cual, llevaría a cualquiera a
suponer que la subjetividad, es al fin y al cabo, el fin de los
cuestionamientos y por tanto, nada más habrá que decir sobre la belleza.
Pero esto, no
es sino el principio de un grave error, puesto que, la imparcialidad empieza y
termina con el sujeto, y el objeto, nada que ver tiene con esto. Ergo, objetos,
los hay bellos y no tan bellos. Los bellos, resisten a un minucioso análisis de
las partes y complejidades que lo componen: mientras más variadas sean las
partes y— a su vez— en pos de servir a la estética, se las haya confeccionado
con una complejidad pertinente; entonces, estamos en presencia de una
indiscutible belleza. Si por el contrario, las partes son escasas, o abundantes
pero desordenadas, o, poco se les ha ilustrado de complejidades, entonces
estamos ante la presencia de algo no tan bello. Y sentimientos tales como el
aburrimiento, no tardarán en llegar ante la ausencia de agudezas.
Yo, que te admiro
tanto, cual si una obra de arte fueras, te hube contemplado tantas veces, y te
he vuelto a mirar de mil formas; tanto que, en el medio de aquel viaje, no pude
más que hallar la extenuación. Y aquí me encuentro, perdido, en el universo de
tus complejidades y tus partes infinitas.
Al final lo subiste y no me avisaste, lo encontré porque suelo revisar tu blog. Me encantó, aunque difiero en algunas cuestiones, y te agradezco el infinito halago.
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